Metabolismo energético en la tercera edad

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Con el paso de los años, la energía no desaparece, sino que el organismo cambia la manera en que la administra. Durante la tercera edad, la pérdida de masa muscular, la menor actividad física diaria y la disminución en la eficiencia del aprovechamiento de nutrimentos provocan una aparición más temprana del cansancio y una recuperación más lenta (Botushanov et al., 2026; Broome et al., 2024).

Asimismo, la desnutrición continúa siendo una condición frecuente en los adultos mayores, estrechamente asociada con un incremento en la morbilidad, la mortalidad y el deterioro físico (Dent et al., 2023; Norman et al., 2021).

¿Qué cambia con la edad?

A menor masa muscular, menor margen de reserva. El gasto energético diario disminuye con la edad debido a cambios en la composición corporal, la regulación hormonal y el nivel de actividad física (Botushanov et al., 2026). Lejos de significar que el adulto mayor requiera menor cuidado en su alimentación, implica que dispone de una capacidad de tolerancia reducida frente a dietas de baja calidad nutricional, ingestas insuficientes o pérdidas aceleradas de masa magra.

Cuando comer se vuelve más difícil

La salud bucal es muy importante para mantener una nutrición adecuada. Factores como la pérdida de piezas dentales, molestias causadas por prótesis mal adaptadas o la dificultad masticatoria derivan en patrones alimentarios más blandos y de menor calidad nutrimental. Como demuestran Iwasaki et al. (2021), una baja función oral en adultos mayores se relaciona directamente con un menor aporte de nutrientes y un estado nutricional deficiente.

Los nutrientes que participan en la energía

Las proteínas sostienen la masa muscular, pero también ayudan a conservar enzimas, sustancias transportadoras y estructuras que el cuerpo usa para funcionar cada día. En adultos mayores, la desnutrición proteico-energética es común y con frecuencia aparece junto con deficiencias de micronutrientes, lo que lo que puede afectar directamente la fuerza corporal, la autonomía, la autonomía y la capacidad de recuperación (Alvarez-Nuncio & Ziegler, 2024; Norman et al., 2021).

Las vitaminas del complejo B son fundamentales para la transformación de nutrientes ingeridos en energía utilizable. La vitamina B12 exige atención prioritaria ya que su deficiencia es común en la vejez a causa de una menor ingesta, mala absorción asociada a cambios gastrointestinales y el uso de medicamentos como metformina o inhibidores de la bomba de protones (Mouchaileh, 2023). En personas mayores, este déficit no siempre empieza con anemia; a veces se presenta como cansancio, marcha inestable, hormigueo o un deterioro cognitivo sutil (Mouchaileh, 2023).

Vitamina D y calcio: no dan energía directa, pero sostienen el rendimiento

La vitamina D no «produce energía» en el sentido clásico, esto hay que dejarlo claro, pero sí ayuda a mantener los músculos y huesos en condiciones apropiadas para moverse, levantarse y caminar con seguridad. En adultos mayores con sobrepeso u obesidad, la evidencia reciente muestra ingestas insuficientes de vitamina D y, en varios grupos, un aporte apenas ajustado de calcio al igual que de proteínas (Dewansingh et al., 2021).

Grasas saludables y omega-3

Lejos de ser perjudiciales, los lípidos constituyen una reserva energética fundamental y, cuando proceden de fuentes de alta calidad, preservan la integridad estructural de las membranas celulares, optimizando la función metabólica. En los adultos mayores, los ácidos grasos omega-3 destacan por su impacto positivo en el desempeño físico y la salud cognoscitiva, consolidándose en la evidencia reciente como un componente clave dentro del abordaje nutricional para un envejecimiento saludable (Broome et al., 2024; Arslan & Aydın, 2025).»

¿Qué suplementos suelen considerarse?

Suplementos de proteína

Cuando la comida no es suficiente para cubrir los requerimientos diarios, los suplementos proteicos pueden ayudar a cerrar la brecha permitiendo alcanzar las necesidades específicas individuales. Su implementación y uso es aconsejable cuando existe una pérdida de masa muscular, pérdida parcial o total del apetito, síndrome de fragilidad o ante la lenta y paulatina recuperación posterior a una enfermedad. Literatura reciente sobre envejecimiento saludable mantiene recomendaciones sobre las proteínas como el centro de las estrategias nutricionales aplicables para conservar la función y movilidad (Roberts et al., 2021; Arslan & Aydın, 2025).

Vitamina D y calcio

Este binomio sigue siendo uno de los más usados en adultos mayores con riesgo de fragilidad ósea, es decir, fracturas, poca exposición al sol o debilidad muscular. En el análisis de Dewansingh et al. (2021), la vitamina D aparece como un nutriente con una insuficiente ingesta en prácticamente todos los grupos evaluados, lo que nos obliga a no dejar de lado el uso de estos suplementos cuando son necesarios.

Vitamina B12

La cianocobalamina en suplemento es particularmente útil cuando existe una ingesta insuficiente o cuando hay la sospecha clínica (bien sustentada) de su deficiencia. En adultos mayores, la absorción puede ser muy baja debido a cambios propios de la edad, aunque la dieta no demuestre ser inadecuada. La detección temprana es clave para evitar deficiencias (Mouchaileh, 2023).

Omega-3 y otros compuestos con enfoque mitocondrial

Los omega-3 se han propuesto como apoyo para la función física y, en algunos contextos, para la salud cognitiva. A eso se suman compuestos más recientes como MitoQ, urolitina A y GlyNAC, que han mostrado efectos prometedores sobre la función mitocondrial y la capacidad física; no obstante, la evidencia científica disponible sigue siendo limitada y heterogénea  (Broome et al., 2024; Lippi et al., 2022).»

Un punto práctico que suele pasarse por alto

La energía total del adulto mayor va más allá de la composición de la comida principal. Existen múltiples factores que condicionan el metabolismo y gasto energético como la pérdida del apetito, problemas con la masticación, los efectos secundarios de ciertos medicamentos, la calidad del descanso nocturno, el nivel de movimiento diario y los patrones alimentarios acumulados a lo largo de la vida. Por eso, una estrategia razonable no se limita a «comer más», sino a comer mejor y con más intención. Roberts et al. (2021) señalan que los patrones dietéticos saludables y el mantenimiento de un peso sano antes y durante la vejez se asocian con menos enfermedades y menos deterioro funcional. Por ello, la estrategia idónea no se reduce a aumentar la cantidad de alimentos, sino a priorizar la calidad y el propósito de cada ingesta.

La idea clave es bastante simple: en la tercera edad, el metabolismo energético no depende solo de calorías, sino de proteínas suficientes, micronutrientes vigilados y, cuando hace falta, suplementos alimenticios usados de forma correcta, siempre siendo previamente expedido su uso por profesionales de la salud y nunca bajo la automedicación.

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Autor

L.N. Roberto Alvarado Guerrero

Nutriólogo en DIF/Docente universitario/Presidente de la Asociación de Nutrición Deportiva del Estado de México (AND EDOMEX)/(Inclusive no se cómo lo valoren, también poner colaborador de ANAISA)/Escritor para Salud en Movimiento en Ecuador/Miembro del Comité Científico del Instituto Latinoamericano de Cereales (IL Cereales)

FB: Nut Roberto Alvarado Guerrero  |  Instagram: Roberto Alvarado Guerrero  |  5535132165  |  Roberth.ag@gmail.com  |

 

Referencias

  • Álvarez-Nuncio, MDC y Ziegler, TR (2024). Estado de micronutrientes y desnutrición proteico-energética en adultos mayores que viven de forma independiente: una perspectiva actual. Current Opinion in Gastroenterology. https://doi.org/10.1097/MOG.0000000000001000
  • Arslan, S., & Aydın, A. (2025). La paradoja de la pérdida de peso en adultos mayores: Equilibrar la pérdida de grasa con la preservación muscular. Boletín del Centro Nacional de Investigación. https://doi.org/10.1186/s42269-025-01374-8
  • Botushanov, N., Botushanov, A., & Botushanova, A. (2026). Cambios relacionados con la edad en el gasto energético. Revista Macedonia de Ciencias Médicas de Acceso Abierto. https://doi.org/10.3889/oamjms.2026.12051
  • Dent, E., Wright, OR, Woo, J., & Hoogendijk, E. (2023). Malnutrición en adultos mayores. The Lancet. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(22)02612-5
  • Dewansingh, P., Reckman, G., Mijlius, CF, Krijnen, W., van der Schans, CP, Jager-Wittenaar, H. y van den Heuvel, EG (2021). Ingesta de proteínas, calcio, vitamina D y estado de 25 (OH) D en adultos mayores con peso normal, sobrepeso y obesidad: una revisión sistemática y un metanálisis. Fronteras en Nutrición. https://doi.org/10.3389/fnut.2021.718658
  • Iwasaki, M., Hirano, H., Ohara, Y., & Motokawa, K. (2021). La asociación de la función oral con la ingesta dietética y el estado nutricional en adultos mayores: Últimas evidencias de estudios epidemiológicos. Japanese Dental Science Review. https://doi.org/10.1016/j.jdsr.2021.07.002
  • Lippi, L., Uberti, F., Folli, A., Turco, A., Curci, C., D’Abrosca, F., de Sire, A., & Invernizzi, M. (2022). Impacto de los nutracéuticos y suplementos dietéticos en las modificaciones mitocondriales en el envejecimiento saludable: una revisión sistemática de ensayos controlados aleatorizados. Aging Clinical and Experimental Research. https://doi.org/10.1007/s40520-022-02203-y
  • Mouchaileh, N. (2023). Deficiencia de vitamina B12 en personas mayores: Un enfoque práctico para su reconocimiento y manejo. Journal of Pharmacy Practice and Research. https://doi.org/10.1002/jppr.1897
  • Norman, K., Haß, U., & Pirlich, M. (2021). Malnutrición en adultos mayores: avances recientes y desafíos pendientes. Nutrients, 13 (8), 2764. https://doi.org/10.3390/nu13082764
  • Roberts, S., Silver, RE, Das, S., Fielding, R., Gilhooly, C., Jacques, P., Kelly, JM, Mason, J., McKeown, N., Reardon, MA, Rowan, S., Saltzman, E., Shukitt-Hale, B., Smith, CE, Taylor, A., Wu, D., Zhang, F., Panetta, K., & Booth, S. (2021). Envejecimiento saludable: la nutrición importa: comience temprano y realice exámenes frecuentes. Advances in Nutrition. https://doi.org/10.1093/advances/nmab032