La enfermedad cardiovascular continúa siendo la principal causa de morbilidad y mortalidad a nivel mundial (1). La prevención de esta se basa en el conjunto de acciones coordinadas y dirigidas a la población general o individualmente a la persona afectada con el fin de eliminar o minimizar el impacto de las enfermedades cardiovasculares y las discapacidades asociadas a éstas.
Ésta prevención no depende de una sola acción sino de la suma de decisiones diarias como el tipo de alimentación cuyo impacto es directamente sobre el perfil lipídico, la presión arterial y los procesos inflamatorios, (2,3,4) la práctica de actividad física de forma regular que reduce la presión arterial, mejora la sensibilidad a la insulina y el perfil lipídico, el descanso adecuado,(5) el manejo del estrés.(6) Todo esto forma un engranaje que permite modificaciones en el estilo de vida favoreciendo la protección a la salud del corazón y mejorando la calidad de vida significativamente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que una alimentación saludable debe ser: diversa al incluir una variedad de alimentos de los diferentes grupos; moderada al limitar el consumo de ingredientes que pueden afectar la salud como la sal, azúcar, grasas saturadas, etc; equilibrada para cubrir el gasto energético de la persona; y adecuada al satisfacer las necesidades de macro y micronutrientes.(7)

En la dieta es importante considerar el consumo de frutas y verduras ya que ayuda con una reducción significativa del riesgo cardiovascular derivado del aporte de fibra, potasio, folatos y compuestos bioactivos con acción antioxidante y antiinflamatoria, estas pueden ser frescas, congeladas, enlatadas o deshidratadas. El incluir legumbres y semillas oleaginosas (como nueces), significa un aporte de proteína vegetal, fibra, minerales y fitoquímicos, lo cual se relaciona con una reducción del colesterol LDL además de favorecer patrones alimentarios más sostenibles; el consumo regular de cereales-glucolipídico (2,3,6)
La sustitución de grasas saturadas por grasas mono y poliinsaturadas ha demostrado mejorar el perfil lipídico y reducir eventos cardiovasculares. De esta forma, alimentos como aceite de oliva, aguacate, frutos secos, semillas oleaginosas y pescados grasos son recomendables, ya que el consumo elevado de grasas saturadas se asocia con mayor riesgo cardiovascular.

Se debe reducir el consumo de carne roja y; en cambio, se recomienda el consumo de pescado a razón de 1 a 2 veces por semana, especialmente pescado graso rico en ácidos grasos omega 3. Diversos estudios señalan que este hábito alimenticio contribuye a disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. (4)
También es importante el cuidar la ingesta de sodio ya que constituye un factor determinante en el desarrollo de hipertensión arterial. De manera similar, el exceso de azúcares se asocia con obesidad, resistencia a la insulina y dislipidemias. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de sodio a menos de 2 g/día y reducir la ingesta de azúcares, en especial de aquellos añadidos durante el procesamiento de los alimentos, a un 5% o menos del aporte calórico diario. (2, 3)
La actividad física diaria y regular contribuye a mejorar la capacidad cardiorrespiratoria, regular la presión arterial, aumentar la sensibilidad a la insulina, reducir los marcadores inflamatorios y favorecer el control del peso corporal.

Las guías actuales recomiendan realizar al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado, complementado con entrenamiento de fuerza, especialmente en adultos con factores de riesgo cardiovascular. La individualización del ejercicio, considerando edad, condición clínica y nivel de entrenamiento, resulta esencial en la prescripción. (4)
Mantener un adecuado descanso y control de estrés es importante, el dormir menos de 7 horas o presentar mala calidad del sueño se asocia con mayor riesgo de hipertensión, obesidad, diabetes tipo 2 y eventos cardiovasculares.(5,6)
El estrés agudo y crónico activan mecanismos que incrementan el riesgo cardiovascular manifestándose en arritmias, infarto agudo de miocardio, e hipertensión arterial. El practicar mindfulness, meditación, respiración controlada y yoga han mostrado beneficios en la reducción de presión arterial y marcadores de estrés (6)
La salud cardiovascular requiere un enfoque multidisciplinario e integral; la prevención es fundamental.
Autor: ANAISA
Referencias:
- World Health Organization. Cardiovascular diseases (CVDs). WHO; 2023. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/cardiovascular-diseases-(cvds)
- Bereciano S; Ordovás J.M. (2014) Nutrition and cardiovascular health. Revista Española de Cardiología. 67(9), 738-747 https://www.revespcardiol.org/en-nutrition-and-cardiovascular-health-articulo-S1885585714002400-pdf
- Lichtenstein A; et al (2021). Dietary Guidance to Improve Cardiovascular Health: A Scientific Statement From the American Heart Association. 144 (23). https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/cir.0000000000001031
- Visseren F; et al (2021). Guía ESC 2021 sobre la prevención de la enfermedad cardiovascular en la práctica clínica. Revista Española de Cardiología. 75 (5). https://www.revespcardiol.org/en-guia-esc-2021-sobre-la-prevencion-de-la–articulo-S0300893221004620-pdf
- St-Onge MP et al. (2016). ACC/AHA Journals. Sleep duration and quality: impact on lifestyle behaviors and cardiometabolic health. 134 (18). https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/CIR.0000000000000444
- Canda P; et al (2023). Estrés y enfermedad cardiovascular. Medicina (B. Aires) 83 (supl.1) Recuperado: https://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0025-76802023000100029
- Organización Mundial de la Salud (2026). Alimentación saludable. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/healthy-diet





